Abriendo nuestras propias sendas


"Nadie nos salva sino nosotros mismos. Nadie podría, nadie debería. Nosotros mismos debemos andar el camino." Buda

La habilidad de disfrutar de nuestra propia compañía es algo que deberíamos tomarnos mucho más en serio. Los humanos somos por naturaleza gregarios, sin embargo, esta misma tendencia puede convertirse en una constante muleta emocional, mental y psicológica, si estamos sumidos en una relación de dependencia con respecto a los demás.  

Al cultivar nuestro interior por medio de la soledad, nos podemos dar cuenta del contenido de nuestras mentes y los diferentes impulsos que dirigen su curso de atención. Sólo por medio de la observación de esos patrones de comportamiento, nos percatamos de nuestra falta de conciencia en gran parte de nuestros actos. 

Hay un buen número de rutinas que realizamos a diario que no necesariamente, están alineadas con los planes que hacemos en nuestros momentos de mayor lucidez. El hecho de identificarlas es el primer paso. Luego de esto, debemos crear y llevar a la acción estrategias que nos permitan, en cierta medida, "desparasitarnos". 

A través de esta calibración personal, nos convertimos en uno con todas nuestras energías interiores que ahora están encauzadas hacia la realización de nuestros sueños. Este estado nos dota de una sinceridad sin imposta que nos impulsa a crear vínculos reales con nuestros semejantes. Sabemos que ellos son otra expresión individual de la vida y, que como nosotros, también están escribiendo su propia historia. En este reconocimiento  de individualidad mutua, podemos crear verdaderos lazos fraternales que nos lleven a querer crear mejores condiciones para todos por medio de nuestras acciones mancomunadas. 

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