La vara con la que nos medimos
"La oscuridad tiene dominio eterno sobre aquel que no puede encontrar primero la luz en sí mismo." Melissa McPhail
Es importante contar con nuestra propia medida de crecimiento personal. Si bien escuchar a los demás puede llegar a ser enriquecedor, sólo nosotros mismos podemos saber a ciencia cierta si estamos bien encaminados o no.
Si contamos con objetivos claros que sirven de base para nuestros planes de acción diarios es mucho más sencillo saber de qué manera estamos usando nuestros recursos interiores y exteriores. Esta reflexión me remite a una experiencia que tuve hace más de veinte años.
Cuando contaba con aproximadamente veintidós años tuve la oportunidad de participar en una ceremonia de toma de yagé. En retrospectiva, pienso que ha sido una de las experiencias más importantes en mi vida debido al grado de claridad introspectiva que me brindó. En la experiencia a la que aquí me refiero, me encontré deambulando en un momento en un espacio psicodélico habitado por figuras hechas de energía de colores. Cada una de estas figuras antropomorfas se encontraba bailando en un éxtasis individual que le impedía notar mi presencia. Yo quería hablar con alguna de ellas para que me dijera donde me encontraba, pero no pude sacar a ninguna de su estupor.
Recuerdo muy bien que después de hablar acerca de ese episodio particular en mi experiencia con diferentes amigos, empecé a desentrañar el mensaje que contenía. Durante dicho episodio, yo era la única entidad que no se encontraba inmersa en su propio éxtasis. Cada una de las figuras que habitaba este espacio vibraba en armonía con su entorno y con las demás presencias. Yo era la única persona tratando de encontrar una suerte de instrucción para poder integrarme. Yo era la única persona que no estaba realizando su propio baile.
Con el pasar de los años me he dado cuenta que, si bien es un mensaje que ha estado en boca de innumerables pensadores del mundo, no es muy usual darnos a la tarea de explorar nuestro misterio personal para así proveernos de nuestro propio alimento al cultivar nuestro jardín personal. Considero que esta labor es esencial si queremos alcanzar la madurez necesaria para darnos cuenta que la mejor manera de agradecer la experiencia de estar vivos es desarrollar nuestro potencial mientras caminamos juntos con nuestros contemporáneos por esta extraña y bella tierra.



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