Las cartas en nuestras manos
"Mi fórmula para expresar la grandeza en el ser humano es el amor fati: no querer que nada sea distinto ni en el pasado ni en el futuro no por toda la eternidad. No sólo soportar lo necesario, y menos aún disimularlo --todo idealismo es mendacidad frente a lo necesario--, sino amarlo." Friedrich Nietzsche
La noción estoica de que no debemos perder los estribos por las cosas que están por fuera de nuestro control encuentra un eco en la oración de la serenidad cuyo fragmento más famoso reza así: "Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para saber la diferencia."
En estas pocas palabras está resumida de manera soberbia todo una filosofía de vida. Aparecimos en este planeta de manera fortuita. Lo que nos constituye en una mezcla de información genética que se conjuga con los factores epigenéticos a los que hemos sido expuestos consciente o inconscientemente. Hemos creado mapas de significado que nos sirven de sondas con las que exploramos nuestro entorno y nuestro interior. Nos sabemos parte de un gran todo que no obedece a nuestros caprichos. Nos sabemos rodeados de fuerzas mucho más poderosas que nuestras frivolidades y egoísmos infantiles.
Estas iluminaciones de carácter axiomático nos deberían llevar a tener una actitud de reconocimiento de la oportunidad que tenemos de experimentar esta vida. Esta capacidad de observar todo lo que nos pasa desde una perspectiva cósmica nos permite traer a su justa medida la importancia personal y a actuar sobre las cosas sobre las que podemos tener influencia: la manera como decidimos reaccionar ante el dinamismo de todo lo existente.



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