Leer para alimentar el alma
"Hay crímenes peores que quemar libros. Uno de ellos es no leerlos." Joseph Brodsky
Haberme enamorado de la lectura desde muy temprana edad ha sido fundamental en el desarrollo de mi proyecto de vida. Mi niñez tuvo lugar en los años ochenta cuando el internet como herramienta masiva sólo existía en las calenturientas mentes de algunos ingenieros y otros tantos escritores de ciencia ficción. Mi realidad se resumía entonces al contexto socio-económico donde crecí y al contenido de los canales de la televisión nacional.
La lectura me permitió trascender los límites físicos y temporales en los que me encontraba. El leer me dio la oportunidad de ponerme en contacto con el contenido de la mente de hombres y mujeres de diferentes épocas y lugares. Esta suerte de ventanas virtuales le dieron una dimensión más amplia a mi mundo interior.
Años después, curiosamente por medio de la lectura, me enteré de la existencia de una habilidad que nos permite identificar y entender las emociones de los demás e inferir y representar sus intenciones y creencias. Dicha habilidad se conoce como la teoría de la mente y es fundamental para las relaciones interpersonales, intergrupales y el desarrollo de nuestra empatía. Si nuestra teoría de la mente presenta déficits, nuestras habilidades sociales se ven disminuidas. Es común encontrar este déficit en personas con autismo, hiperactividad y déficit de atención, y abuso del alcohol, sin embargo, nadie está excepto.
Teniendo en cuenta que nuestras habilidades sociales hacen parte del grupo de habilidades blandas que, según los expertos, debemos desarrollar para poder hacerle frente a los retos del siglo XXI, lo que nos resta saber es cómo podemos desarrollarlas.
Felizmente, para nosotros los lectores, resulta ser que la lectura de ficción literaria nos permite incrementar nuestros niveles de teoría de la mente. La naturaleza polifónica de este tipo de literatura nos obliga a sumergirnos en las estructuras del texto haciendo uso de recursos interpretativos más flexibles y así poder entender la trama que allí se presenta. El leer nos hace ponernos en los zapatos del otro de manera virtual sin el riesgo que conlleva una interacción real. Esto constituye un escalonamiento que nos permite acercarnos al otro y percibir el mundo desde su perspectiva. Este proceso, según las investigaciones, nos hace más empáticos y más presentes en nuestras interacciones del día a día.
Se siente bien saber que más allá que un escape de la cotidianidad, la lectura de ficción literaria nos acerca más a una de las mejores cualidades humanas.
¡Felices lecturas!



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