Nuestro mejor papel


"Yo no deseo expiar culpas, sino vivir. Mi vida existe por sí misma y no para servir de espectáculo." Ralph Waldo Emerson 

Carl Sagan dijo alguna vez que somos el ejemplo de lo que los átomos de hidrógeno pueden hacer si les da quince billones de años de evolución cósmica.  Cuando la profundidad de este tipo de reflexiones finalmente inunda todo nuestro ser, el sentido de gratitud por ser parte de este misterio nos trae a las lágrimas. 

Cada uno de nosotros representa entonces el intento del universo de manifestarse en una conciencia que lo pueda observar. En este sentido, la exploración de nuestras particularidades ha de ser el motor de nuestras acciones.  Lo paradójico del asunto es que muchas veces este no es el caso debido a nuestra tendencia a actuar buscando la aceptación social.  El ser aceptados en sociedad es una necesidad humana, sin embargo, cuando abandonamos totalmente nuestra individualidad para evitar el rechazo, nos estamos haciendo un flaco favor.

Si reprimimos las particularidades instintivas que constituyen la base de nuestra valía personal, terminaremos llevando sobre los hombros la carga de un resentimiento silencioso que poco a poco nos sume en la amargura y la depresión.

Debemos a toda costa vivir en la expresión de lo que habita en nuestro interior. La honestidad de este tipo de aproximación a la vida se ve reflejada en la vitalidad que acompaña nuestras acciones. Esta manera de vivir nos hace contemporáneos de nuestro propio presente. Los escapes melancólicos hacia épocas doradas de la niñez se disipan para darnos nuevamente acceso a la visión inmensa y contemplativa que es nuestro derecho de nacimiento. Esta vez, sin embargo,  está acompañada por la sabiduría de años de la experiencia reflexionada y la certeza de nuestra finitud. 

Permitámonos desplegar la totalidad de nuestra historia.  

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