¿Qué nos detiene?
La manera como asumimos la
aventura de la vida es producto de diferentes factores. Si tenemos la fortuna
de haber crecido dentro de un contexto social y familiar que nos invita, por
medio del ejemplo, a afrontar cada reto como una oportunidad de crecimiento, gozaremos
entonces de un espíritu fortalecido por medio de cada experiencia. Si por el contrario, las circunstancias han
sido menos que propicias para nuestro desarrollo, probablemente estaremos en un
estado de profunda ignorancia acerca de nuestra facultades.
Sin importar en que nivel de
desarrollo o anquilosamiento nos encontremos, una actitud adulta y madura nos
debería impulsar a alimentar nuestro plan de vida por medio de la acción
premeditada. Esto no es un proceso
sencillo ya que requiere que revisemos periódicamente y con honestidad nuestro
estado actual en comparación con nuestros objetivos.
Esta revisión puede llevarnos a
un vértigo paralizante que se produce al ver que, en muchas ocasiones,
dilapidamos nuestro tiempo. La superación de este vértigo se puede dar de dos
maneras que producen resultados opuestos. Por un lado, podemos tener la
gallardía de aceptar la verdad desnuda de nuestra desaplicación y decidir
corregir el rumbo o, por otro lado, podemos empezar a buscar chivos expiatorios
que justifiquen nuestro estado actual. Esta última posición, sin embargo, nos
sumirá en un estado constante de resentimiento y envidia puesto que nos lleva a
atribuir el éxito de los demás a una suerte no merecida, jamás a un trabajo
duro y disciplinado.
Si nos interesa llevar una vida
digna, nos convendría asumir la primera posición sabiendo todo el trabajo que
esto implica. Debemos ponernos constantemente en situaciones que nos reten
para, de esta forma, activar los recursos que yacen en nuestro interior. Sólo
por medio de la práctica deliberada en pos de la conquista de nuestros miedos,
podemos darnos cuenta de lo que verdaderamente estamos hechos.



Comments
Post a Comment